Explora cómo los algoritmos y los representantes influyen en la democracia moderna y quién realmente moldea la voluntad humana.
Escuchaba que los algoritmos son más nocivos que las noticias
¿Será realmente cierto? Harvard hizo un estudio Artificial Intelligence?s Promise and Peril (2025) donde constató esta aseveración.
La realidad es que los algoritmos están programados de forma rígida. El código que está en su ADN es estricto, no moraliza, no critica a sí mismo (hasta la fecha de esta publicación). Si realmente los tecnócratas buscan persuadir a las masas con spots y bombardear con publicidad lo suficientemente inteligente, pueden provocar una conducta en los humanos conscientes que leen y analizan métricas. Me quedo con la frase: ?Quien entiende la psicología controla las masas?. Pasajes del libro La psicología de las masas de Gustave Le Bon.
La representación humana, por otro lado, es distinta porque tiene el visor del mismo gen. Humanos, a fin de cuentas. Los representantes con sesgos ideológicos, cognitivos y culturales. En palabras de Spinoza: ?de su ignorancia subjetiva de las causas que lo condicionan?.
Se podrá delegar la función en una nueva horda tecnológica. ¿Firmamos un contrato privado con alguna corporación o seguimos esperando al mesías que tanto anhelamos? El análisis da mucho para hablar, ciertamente; este escenario utópico estará condicionado a la voluntad de un país hambriento de cambio.
Si entendemos que la tecnocracia está precisamente enraizada en la forma en la que vivimos actualmente, de una manera despreocupada por las apps que hacen todo por nosotros, no me extrañaría que gigantes como Amazon, Facebook, X estén condicionando la forma en la que vemos el mundo.
Actualmente, el representante todavía tiene que salir a las calles a pedir su voto; la confianza (aunque paradójica) resulta ser la mejor escapatoria. Pero, en datos duros, las nuevas generaciones no salen a votar; según el INE, en las elecciones de 2024 el 22% de jóvenes prefirió abstenerse de ejercer su calidad de votante en los comicios del mismo año.
Decía Cicerón que la fuerza es el derecho de las bestias. En ese sentido, la IA, los algoritmos y las grandes corporaciones no esperarán que estemos de acuerdo con su lógica consumista. Están dispuestos a atropellar de manera deliberada a propios y extraños. Los algoritmos rebasan la capacidad intelectual humana.
Los representantes con insignias y colores tocarán de puerta en puerta y de manzana en manzana hasta conseguir la ?confianza?. ¿Es entonces que también se tendrán que fundar los ideales en la búsqueda de la representación a través de las nuevas tecnologías?
Cuando el voto compite contra el algoritmo
En 2025 vimos un ejercicio democrático histórico: se votó por juezas, jueces en México. ¿Qué nos quedó? Una narrativa bastante provocadora ¿Un juez debe hablar o simplemente debe tomar decisiones? ¿Debe buscar el voto o, solo a través de sus capacidades judiciales, tomar el control de una determinada situación?
En esta ocasión, presenciamos que los cambios provocaron que no solo el diputado saliera a perseguir los votos, sino que vimos a juzgadores en busca de su lugar de trabajo por los próximos años y tuvieron que hacer propaganda con su propio nombre, su ?marca personal? y todo a través de redes sociales.
Conclusiones:
La discusión está sobre la mesa. No estamos eligiendo entre algoritmos o representando. Estamos decidiendo quién y cómo moldea nuestra voluntad. Los algoritmos no votan, pero ciertamente influyen. Los representantes no siempre entienden, pero ellos deciden. La democracia, como la conocemos, se construyó poco a poco, sobre la idea de que la verdadera ciudadanía elige el camino. Pero hoy, la pregunta es incómoda:
¿Son realmente libres las elecciones? Porque los representantes tocan puertas, el algoritmo tiene checado a qué hora entramos a la aplicación, cuáles son nuestras tendencias, nuestros miedos, nuestros gustos y debilidades. No piden permiso, no se equivocan, y este problema deja de ser político, y se vuelve profundamente humano.
No se trata de sustituir al representante por tecnología, ni de romantizar al humano como el más ético y moral. Se trata de entender que el verdadero poder ya no está solo en quien gobierna, sino en quien configura la percepción de nuestra realidad.
Quizá no estamos frente al fin de la democracia. Quizá estamos frente a su transformación. Un molde completamente distinto, donde no se impone la fuerza, sino la influencia. Y en ese escenario? el mayor riesgo no es que los algoritmos gobiernen, sino que nosotros dejemos de cuestionarlos.